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Miranda y Haro
TEMPLOS PAGANOSNo sé si la naturaleza de los bares puede explicar la idiosincrasia de muchos mirandeses, o la naturaleza de éstos conforman la idiosincrasia genuina de los bares en Miranda, y en concreto, de los bares, chigres, mesones y cafeterías que abren y cierran en horario prudente y accesible, convencional y decente, como para acoger los primeros tente en pie de buena mañana, desayunos o almuerzos clásicos y medidos de café, bollería o bocatita, para hacer tiempo hasta el mediodía y poder salir de potes o chiquitos, cortos o marianitos, con la cuadrilla o solo, al relance o a pincho fijo, según proceda para ir a casa a comer lo que tercie y se pueda regresar pronto al café y el chupito de la sobremesa de pie, de cabezada veo y no veo, o de partida de mus sabia y contundente, para volver a hacer impasse , en la oficina o en el taller hasta la tarde, para regresar con la cuadrilla y hacer la ronda necesaria caigan chuzos de punta o palomos torrefactos. Así pues, se presenta el escaparate barista en la muy noble y emprendedora villa de Miranda de Ebro, población norteña y fronteriza, altiva y franca, floreciente, desde cuando yo, al menos, recuerdo y me cuentan hacia atrás, hacia Aquende, precisamente en cuya carretera a Orón fui a nacer, y desde donde empecé a amar a esta ciudad singular e industriosa, pletórica y hospitalaria hasta la generosidad despendolada, exactamente, a pie de mostrador, en cada y todos los bares mirandeses acogedores y tumultuosos para que se desarrolle esa familiaridad y esa esplendidez únicas para cuantos necesitamos sentirnos a gusto y hacer sentirse cómodos a cualquier conocido, familiar, transeúnte, amigo o forastero que pueda llegar a cruzarse con nuestra disposición a mostrarnos viejos hidalgos de leal y pronta exposición a ser más que nadie, porque valemos, al menos, tanto como el que más. Y, de ese modo, un día y otro también, el espectáculo se repite en los templos paganos de la camaradería y la fraternidad atropelladas, suntuosas, expansivas, repitiéndose el rito, retroalimentándose la costumbre, empecinándose, al cabo, la fidelidad a lo que siempre se ha hecho, como lo hicieron nuestros mayores, como lo plasmamos nosotros una y otra vez, consolidando los buenos negocios de los bares en Miranda al servicio de sus parroquianos, taciturnos u ocurrentes, diarios o esporádicos, que saben a qué a tenerse y cómo comportarse, con su pericia para estar atentos a la prontitud en el pago de la ronda en trance, listos para ver o entrever cualquier compromiso que se vislumbre, para poder indicar raudos al camarero: -¡Eh, chisst, que fulanito no pague! Y así hasta el infinito, los unos y los otros enredándose en obligaciones no escritas, si pactadas, honorables que hablan bien de quien las practica y descalifica al que disimula y se hace el longuis. Antonio García Gómez ¿Usted cree que las obras que se están llevando a cabo en la calle La
Estación concluirán en el plazo previsto?
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