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Siete Semanal
Última actualización
21-11-2008
Miranda y Haro

Relatos:¿Sueño o realidad?(Primera parte)

Es lunes 8 de febrero y toca volver a clase. Son las 9 de la mañana. Suena el timbre y cambiamos de clase a la de Geografía. Todos aprovechamos para levantarnos y comentar lo dura que ha sido la anterior clase de Matemáticas. Pero no da mucho tiempo a hablar pues enseguida entra a clase Clara, nuestra profesora de Geografía e Historia.

Clara es una mujer un poco seria pero hay que reconocer que también es amable. Es alta y delgada y le suele gustar llevar faldas largas y camisas con colores muy apagados. Buena profesora, aunque a veces puede ser un poco aburrida explicando.

Hoy tocaba terminar los países con sus capitales y además también hizo un poco de la historia de cada uno.Al estar con los mapas grandes ese ratito se me hizo más ameno pero lo peor fue cuando empezamos con la historia de cada país. Eran curiosas pero como ya he dicho antes la profesora no tenía mucha gracia para contarlas, su tono era monótono y se hizo la hora como si hubiesen pasado 10.000 años y empezaron a no hacer caso y eso que son 25. Entonces comenzaron a hacer otras cosas, por ejemplo Marisa, que adora dibujar, sacó una hoja e hizo un marco con un dibujo precioso dentro: era un paisaje de otoño. La verdad es que era una maravilla. Otros, como por ejemplo, la panda de Arturo se dedicaron a hacer dibujos de graffitis en los cuadernos. Laura y Ana sacaron un papelito y se pusieron a escribirlo y a mandárselo entre ellas.Aunque la mejor fue Cristina, sacó el móvil a escondidas y se puso a jugar con él.Yo en cambio, de repente, me puse a soñar despierta, es decir que tenía el cuerpo en la clase pero la cabeza como si saliese por la puerta. La voz d la profesora se oía lejana,muy lejana. En mi sueño me transporte a uno de los países que nos habían explicado antes.Aparecí en el mercado de Irak Estaba formado por un montón de puestos juntos y en cada uno de ellos, cosas preciosas: Uno estaba dedicado sólo a pulseras y collares con signos que no entendía (supongo que serían mensajes en su lengua). Otro, en cambio, tenía unas barritas finas que luego averigüé que eran incienso. Yo a esas cosas las solía tener un poco de manía porque el recuerdo que tengo de ellas era que olían mal, pero allí tenían olores diferentes: hierbabuena, fresa, eucalipto, pino...

Cuando iba caminando la gente me miraba mal y no tenía ni idea de por qué sería hasta que me encontré con una niña de mi edad que no se parecía en nada a mí: una diferencia que se notaba rápidamente, su forma de vestir. Llevaba un vestido la mar de bonito pero su cara la cubría un velo ( burka )y sólo se podían distinguir sus grandes ojos verdes. Como si me conociese de toda la vida me cogió del brazo y tiró de mí.

Me metió en una especie de portal y se presentó, yo ya estaba pensando que menudo problema iba a tener con el idioma pero para mí sorpresa hablaba español y me dijo que se llamaba Haira, yo le dije mi nombre y me explicó que si no llevaba burka me podía meter en un buen lío.Así que la hice caso.También me comentó que esa ropa que llevaba no era muy adecuada para su país. Yo me miré de arriba abajo y pensé¡ Pero si sólo llevo unos pantalones vaqueros, una sudadera y unos playeros!.No obstante, ella insistió y me llevó de la mano por todos los puestos del mercadillo. Llegamos a uno que estaba completamente lleno de telas y vestidos. Ella me dejó elegir el que más me gustase pero yo no tenía que pagarlo. La sorpresa fue que Haira me lo regaló porque su padre era el dueño de la tienda y su madre la hacía los vestidos.

Después de haberme vestido con mi nueva amiga, decidimos dar una vuelta para que me enseñara el merado y sus alrededores. Había una cosa que me parecía extraña, mientras dábamos un paseo, vi que en el colegio sólo estaban los niños, muy asombrada le pregunté a Haira que por qué no había ninguna niña. Su respuesta me sonó mal. -Sólo los niños van al colegio, las niñas se tienen que quedar en casa ayudando a su madre o a su abuela, limpiando la casa, haciendo la comida y si tienen hermanos cuidándolos todo el tiempo.

Yo pensaba que no era justo pero supongo que eso es lo que mandaba su Gobierno y contra él nadie se atrevería a meterse. Hacía muy poco que llevaba la ropa de aquel país pero con ella veía todo mediante un pequeño rectángulo como si estuviese encerrada y sólo podría ver el mundo de fuera mediante un agujerillo. Supongo que eso tendría que ser muy duro para las mujeres de aquel lugar. Pero por lo poco que sabía, era por su religión: ellos no eran cristianos sino musulmanes y seguían los mandatos de Alá, su Dios.

Haira me llevó a ver una de sus mezquitas, es decir, el lugar donde ellos se reunían y me explicó su forma de rezar, que era un poquito más difícil que la nuestra, pero claro, igual era porque la mitad de las cosas no las entendía. En aquel sitio hacía un calor insoportable pero sabía la razón, era porque muy cerquita de allí había un desierto y el clima era en su mayoría el desértico o el mediterráneo. la verdad era, que con tantas dudas como tenía de aquel país, no se me ocurría nada para preguntarle. Me enseñó un montón de cosas y de monumentos a los que me hubiese gustado sacar fotos.

Cuando ya regresábamos de dar aquel paseo me preguntó por mi procedencia.

-Yo soy española, de Madrid. Se quedó sorprendida al oír ese nombre, luego comprendí el motivo. Ella misma me lo explicó:

-En mi país hay mucha gente que quiere viajar a España, es más, ese es uno de mis sueños pero es muy difícil hacerlo realidad. Este podría ser un país rico, en vez de eso, no salimos de una guerra y nos metemos en otra.

Al oír esa palabra un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¡Con lo miedica que era yo, pensar que podía haber una guerra!...¡Buf! Mejor ni pensarlo. Pues si a ti, sin vivirlo te da miedo, imagínate a mí, que no es la primera vez que la vivo, me dijo. Llegamos a una casita hecha de adobe. Era la casa de Haira. Me invitó a entrar. Para toda la familia que tenía, era una casa pequeña, pero muy acogedora. Me presentó a los dos hermanos que estaban en ese momento en su casa. Su hermano pequeño se llamaba Hassan, tenía dos años y medio, unos ojos azules llenos de alegría y un carácter alegre y amable. En cuanto nos vio quiso ir a jugar con nosotras, pero el pobre no tenía mucho con qué jugar. Me acordé de que en el bolso llevaba unos juguetitos pequeños de mi hermano y se los di. Le hicieron mucha ilusión y me lo agradeció con un beso....

María Fortea 1º ESO Sagrada Familia

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