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Miranda
La deuda con el pueblo saharaui
Hace más de 30 años, en 1975, el General Francisco Franco agonizaba en Madrid y nuestro país comenzaba una era llamada la Transición en la que con muchas luchas y algún susto que otro como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, se conseguía pasar de una dictadura con cuarenta años a una democracia que ya ha cumplido la treintena. Durante esos años nuestro país ha cambiado en cosas y ha seguido igual en otras, logrando que poco a poco nuestras vidas sean mejores y vivamos en un Estado cada vez más potente económicamente, con altos niveles de endeudamiento, la mayoría de la población dedicada al sector servicios y con un fenómeno llamado inmigración al que muchos todavía no se han acostumbrado. Todas éstas son características de un país desarrollado. Otra característica de los países desarrollados, del llamado primer mundo -primero en muchas cosas o en la mayoría, aunque no siempre está bien ser el primero en todo- es la capacidad para olvidar, o mejor dicho para mirar al otro lado, para no contemplar que por desgracia en este mundo nuestro para que unos vivamos bien otros lo hacen en pésimas condiciones, muchas veces infrahumanas. Cuando hace más de 30 años comenzaba una nueva era en nuestro país, en un lugar del norte de África comenzaba otra, que una vez pasado todo este tiempo es el espejo, la némesis de nuestra situación actual. 30 años luchando El Sahara Occidental fue una colonia española desde finales del siglo XIX, en un momento en el que Europa se repartía África. La explotación de las minas de fosfatos y de uno de los bancos pesqueros más grandes de todo el mundo fue el atractivo que atrajo a los colonizadores españoles. Esta ocupación dio como resultado estructuras administrativas y desarrollo económico como los DNI y libros de familia españoles que recibieron en el año 74, con la realización de un censo donde está perfectamente documentado quienes son los saharauis que, durante el fallido proceso de descolonización, hubieran podido ejercer el derecho a la autodeterminación. Este proceso había sido iniciado por parte del Gobierno español a instancias de la ONU. Todo hubiera sido correcto y legal sino hubiera sido por la invasión por parte de Marruecos y Mauritania en la llamada Marcha Verde. Esta acción militar sorprendió al país con Franco agonizante, y por ello decidieron sacudirse la responsabilidad que habían -habíamosadquirido con el pueblo saharaui durante más de un siglo de relación. El referendum se quedó sin celebrar y todavía sigue así. El Frente Polisario -que había nacido en 1973 para lograr la indepedencia respecto al dominio español- proclama en 1976 la República Árabe Saharahui Democrática (RASD). Después de esta proclamación comienza una guerra que el Polisario libra en dos frentes: al norte, con Marruecos y al sur con Mauritania. Este país se retira de los combates tres años después y renuncia a las aspiraciones de invadir el territorio. La guerra con Marruecos continua hasta 1991, año en que ambas partes firmaron un acuerdo auspiciado por la ONU, organismo que asumió la responsabilidad de buscar una salida pacífica al conflicto mediante la celebración de un referendum, fijada para febrero del 92. Esta consulta nunca se celebró, ya que ha sido aplazado en numerosas ocasiones por los recursos de apelación interpuestos por Marruecos que exige que los marroquíes instalados en esta tierra tengan también derecho a voto. Y es que la Monarquía de este país ha ido inyectando durante los años decenas de miles de colonos con la intención de que aparezcan como votantes para ese futuro referendum. En la actualidad la población saharaui es minorotaria en esta zona, sobre todo después de que tras la invasión marroquí miles de saharauis se vieran obligados a trasladarse al desierto y levantar campos de refugiados cerca de la ciudad argelina de Tinduf. Unas 160.000 personas sobreviven desde hace más de 30 años en un rincón del desierto más árido del planeta. El testimonio directo Durante todos estos años de ocupación la policía marroquí ha intentado reprimir en la medida de lo posible cualquier intento de manifestación en contra de la Monarquía marroquí y a favor de la independencia. Organizaciones como Amnistía Internacional o la Organización Mundial contra la Tortura han denunciado en repetidas ocasiones la constante violación de los derechos humanos -detenciones arbitrarias, torturas, desaparciones- que sufre la población saharaui que no fue capaz de escapar en su momento y que aún vive bajo bandera marroquí. Hace unos días acudió a nuestra ciudad una mujer que es un testimonio directo de esta represión. Soultana Khaya es una mujer activista de la causa saharaui que viaja para dar a conocer la realidad de su pueblo en los territorios ocupados. Ella lo sabe mejor que nadie ya que es una de las víctimas de esta represión. "El deber de los países del mundo es apoyar a nuestro pueblo", una exigencia que toma fuerza cuando esta mujer de 27 años cuenta la historia de como durante una manifestación universitaria pacífica a favor de su pueblo perdía el ojo a base de golpes de la policía y luego era encerrada durante ocho meses en la cárcel. "Mis ojos no representan nada en favor de la causa de nuestro pueblo", reconocía con valor. La deuda que todos tenemos con este pueblo se hace mayor cada día que ocurren torturas y desgracias como ésta. En nuestra mano está intentar que los sufrimientos de este pueblo que sólo quiere lo que es suyo no hayan sido en vano. ¿Usted cree que las obras que se están llevando a cabo en la calle La
Estación concluirán en el plazo previsto?
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