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Miranda
Un vestigio de la época medieval
Hubo una época que lo que ahora conocemos por España estaba en formación. Varios reinos componían la Península Ibérica y los señores y nobles peleaban entre sí y contra la autoridad del rey. Durante esa época nuestra ciudad, al igual que ahora, era un cruce de caminos, un lugar estratégico por el que debían pasar ejércitos y mercancías para viajar al norte de España, tanto para el paso por los Pirineos como para los puertos del Cantábrico que transportaban todo tipo de objetos de Castilla al resto de Europa. La época en la que fue construido este castillo -se duda del año exacto pero está demostrado que fue en la segunda mitad del siglo XV- coincide con la aparición de varios edificios parecidos por toda la geografía de Castilla y León demuestra que por áquel entonces los señores no intentaban defender el territorio de un enemigo exterior sino consolidar su posición ante sus propios vasallos, descontentos por la situación de inestabilidad que se vivía en el territorio, muchas veces por luchas internas con otros nobles. Primeros años de vida Los orígenes de la construcción de este castillo son oscuros y se remontan hasta mediados del siglo XIV. En esta época la Picota contaba con una iglesia consagrada a Santa María, que debía ser traslada a otro lugar ya que el sitio donde se encontraba era estratégicamente idóneo para la ubicación de un castillo, además porque la ciudad había crecido y la altura y la distancia resultaban incómodas a los feligreses para acudir a la oración. El señor de Vizcaya que había cedido el terreno junto con el consentimiento del Obispo de Calahorra era el Conde don Tello, hermano de Pedro I el Cruel. Por la guerra mantenida entre los dos hermanos la construcción del castillo quedó sin realizarse. Hay que avanzar hasta finales del siglo XV, en concreto en la década de los ochenta de dicho siglo, para tener certeza documental de que el castillo estaba, sino finalizado, cuanto menos con terminado en sus aspectos fundamentales, perteneciente al Conde de Salinas, que tuvo más de un pleito por aquella época con concejos próximos por cuestiones de jurisdicción y derecho de aprovechamiento de los territorios. El castillo seguirá en manos de los Condes de Salinas y posteriormente en la de los Duques de Hijar al entroncar las dos familias por matrimonio, hasta el siglo XVIII. Nuevos usos militares El creciente abandono que sufrió el castillo como consecuencia de la desaparición de las funciones militares para las que fue concebido hizo que a finales del siglo XVIII se encontrara prácticamente destruido. Los habitantes de la ciudad comenzaron a ocupar los terrenos para cultivos y a construir pequeñas edificaciones. Tan poca era la utilidad de este castillo que en 1785 el Ayuntamiento propone utilizar las rejas para fundirlas y que fueran de utilidad en el recién construido molino de cubo y para hacer prisiones de las que carecía Miranda. En 1795 se acuerda cerrar el edificio ya que se estaba usando como refugio de gentes "nada regulares en la conducta y hechos". Justo en este momento el castillo volvió a tener una utilidad estratégica y militar. En ese mismo año los franceses ocuparon Miranda y se hicieron fuertes en la fortaleza, aunque fueron expulsados ese mismo día. Años más tarde, durante la Guerra de la Independencia, fue ocupado por los franceses que realizaron obras para albergar artillería. En época de guerras Miranda volvía a tener importancia militar por su situación en un cruce de caminos. Por ello, durante el Trienio Liberal el castillo fue fortificado y se emprenden obras para, en caso de emergencia, poder refugiar a la población de la ciudad. Durante la Primera Guerra Carlista aumentó su valor defensivo y su capacidad en la medida de lo posible, convirtiéndose en Cuartel General del Ejército Isabelino. El principio del fin El final de la Segunda Guerra Carlista hizo que se suprimiera la Sargentía Mayor y la Comandancia Militar de Miranda de Ebro, y años después fue adquirido por el Ayuntamiento por el precio de 1400 pesetas, que se terminaron de pagar en 1901. Pero poco tiempo después, un año tan sólo, ya se hablaba de derruirlo y muchos vecinos habían aprovechado su ruina y utilizado sus terrenos para construir huertas. En 1903 se procedió a su demolición después de cuatro siglos y medio de vida. La tradición dice que sus piedras fueron utlizadas para construir la hoy despaparecida plaza de toros, inaugurada en las Fiestas Patronales de 1907. La llegada del ferrocarril en 1861 y la concesión del título de la ciudad en 1907 hace que Miranda disfrute de un auge económico y las nuevas construcciones aparecen, como la fuente de la Plaza Cervantes o la construcción de una nueva escuela en la parte de Allende, además de la llegada del fluido eléctrico y el asfaltado de las principales calles. También comienzan a plantearse el abastecimiento de agua de la ciudad, y por ello en enero de 1910 se piensa en utilizar el espacio del castillo para construir un depósito, que finalmente se puso en funcionamiento en enero de 1918. Poco a poco la Picota fue cojiendo el aspecto que todos le conocemos con la construcción de un parque poblándolo de árboles en 1955, siendo ésta su utilidad hasta nuestros días. Desde la Picota se puede apreciar la vista de nuestra ciudad tal y como es ahora, y también se pueden ver todavía los vestigios del antiguo castillo que dominaba la ciudad, símbolo de otra época, con otras costumbres y otros estilos de vida. ¿Cree que la subida de tasas e impuestos planteada por el
Ayuntamiento mirandés es justa dada la situación de crisis actual?
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