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El Mirandés consigue un punto vital en el Coliseum Alfonso Pérez

No era fácil y menos aún en el Coliseum Alfonso Pérez. El propio entrenador rojillo lo avisaba en la previa, pero también advertía de las ganas e ilusión de sus futbolistas. Unas ganas que a la postre valieron un sabroso punto ante todo un Getafe C.F.

Y pudo ser más. Porque el encuentro arrancó eléctrico. Con alternativas para ambos conjuntos en las dos áreas, cumplido el primer cuarto de hora de juego los aficionados que se habían dado cita en las gradas habían visto más de cinco disparos a portería en ambas metas. Una apuesta claramente ofensiva advertía de la proximidad del tanto inaugural del choque, fuese en el área que fuese, porque la verdad es que ambos equipos exponían motivos para llevarse el premio. Y quien se lo llevó fue el conjunto local. Un despiste defensivo acabó con el balón en las botas de Pacheco que, ya pisando área, disparaba al fondo de la red casi sin oposición, ni siquiera la de un Roberto soberbio que a la décima no podía hacer nada por evitar el tanto. Se ponían las cosas cuesta arriba. Otra vez. Ingredientes suficientes para, quizás, bajar los brazos y perder la esperanza. Pero este equipo volvió a sacar esa casta a la que tiene acostumbrados a sus aficionados. Ese Mirandés trabajador, generoso en el esfuerzo, con mordiente, y con fútbol, también con mucho fútbol.

Los rojillos lo siguieron intentando de la misma forma que lo habían hecho hasta ese instante. Incluso, el despliegue ofensivo era de mayor calidad, con combinaciones largas y arrebatando la posesión al teórico –a priori- equipo dominante jugando en casa. Néstor Salinas lo intentaba con bonitos pases entrelíneas que daban profundidad al equipo y le ayudaban a estirarse. Fueron varios los disparos que probó en este caso Maikel Mesa, que se asomaba con asiduidad por el balcón del área para probar a Alberto. En más de una ocasión le obligó a estirarse para no pasar apuros. También Pedro lo hizo. Eran mejores los rojillos sobrepasada ya la media hora de juego, pero aún con todo los sustos de un Getafe con calidad arriba iban a llegar antes de pitar el descanso. El más claro en los pies de Jorge Molina, cuya vaselina se le marchó desviads junto al palo izquierdo defendido por Roberto.

Pitaba de nuevo el colegiado para ordenar arrancar la segunda mitad. Los de Álvarez de los Mozos seguían por debajo y, por consiguiente, intentándolo con confianza para igualar la contienda más pronto que tarde. Nada de esperar a su rival y llegar con posibilidades al final. El equipo buscaba con ahínco la igualada. Y llegó. Y de nuevo Álex Ortiz, como frente al Almería. El defensa se aventuraba en una de esas jugadas a balón parado que tanto le gustan y, esta vez con el pie y no con la cabeza, el sevillano estuvo justo donde había que estar tras la caída. La pegó con rabia. La pegó con furia. La pegó al fondo de la red con todo. Empate.

Restaban 35 minutos por delante. Los primeros diez fueron de buen fútbol. Los rojillos querían más. No habían ido a Getafe a por el empate sino a por tres puntos y lo iban a intentar. Hasta donde pudiesen, pero iban a por más. Cierto es que la obligatoriedad del local espoleó a los de Bordalás que, durante los 15 minutos finales hicieron sufrir a su rival. Con balón encerraban atrás a los de Miranda de Ebro que, pese a todo, también sabían sufrir. Supieron hacerlo hasta el final. Tras los tres de añadido se consumaba un punto valiosísimo a domicilio ante uno de los favoritos de la categoría.

 


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