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Sin premio en el Nou Estadi

El Nástic remontó y después sentenció al C.D. Mirandés en la segunda mitad (4-1)

Arrancó de la mejor manera posible el partido con un tanto de Álex García -primero en su cuenta particular tras su llegada en el mercado de invierno- que hacía creer en los tres puntos a los de Pablo Alfaro. Primera llegada a portería en el minuto once y 100% de efectividad para, de cabeza, empujar a la red un centro medido desde la derecha de Sangalli. Toque de atención para los de Merino que, si de inicio habían planteado un partido largo y lento, con posesión, ahora les tocaba ser más verticales.

Y ahí es donde empezaron a sufrir los visitantes. De nuevo, como en el arranque, la posesión era para el Nástic y así todo se hacía mucho más difícil. Poco a poco los locales ganaban terreno a los mirandeses, que inconscientemente y viéndose por delante en el marcador, pensaban en defender más que en atacar y se acumulaban atrás. Y ahí es cuando empezó el carrusel de saques de esquina tarraconenses. La zaga rojilla, muy ordenada, se defendía bien pero muchos de los rechaces daban a los locales jugadas a balón parado. Y en una de esas acertaron. Balón colgado al corazón del área, muy cerrado como todos los que botaron para acumular gente en el área pequeña e inmovilizar a Roberto, y en el rechace Xavi Molina la cazaba para empujar desde el suelo. Vuelta a las tablas en el marcador en el minuto 38 y fin del primer acto sin más ocasiones.

Nada tuvo que ver el arranque de segunda mitad con lo visto en la primera. Pese al empate, la posesión del balón había caído del lado local y, por consiguiente, también las ocasiones más claras. Pero en esta reanudación, eran los de Pablo Alfaro quienes cogían el testigo en lo aue a aproximaciones se refiere. Diez segundos tardaba Maikel Mesa tras el saque de centro en disparar entre los tres palos. Fácil para Reina, pero declaración de intenciones.

Después, hasta tres ocasiones claras de gol en apenas cinco minutos: primero Aurtenetxe, asomándose al balcón del área para disparar flojito; Guarrotxena de disparo seco y fuerte marca de la casa, pegadito al poste derecho; y acto seguido, en el minuto 54, Ortiz de cabeza apareciendo como un rayo de atrás hacia adelante tras un córner botado en corto. Una de esas debió entrar y el guion bien podía haber sido distinto.

Como si de cumplirse el dicho se tratase de “quien perdona lo paga”, eso fue lo que pasó en los minutos posteriores en el Nou Estadi. Los locales recuperaron su juego y dominio del balón y la defensa rojilla empezó a sufrir los acercamientos, cada vez más verticales y directos, del Nástic. Tejera adelantó a los suyos en el 67 tras cazar el rechace desafortunado de Aurtenetxe. Tres minutos después, Lobato sentenciaba desde la frontal con un disparo de rosca ajustadísimo al palo largo. Tres malos minutos que se transformaron en dos goles imposibles de salvar ya. Lo intentaron los de Pablo Alfaro con toda la carne en el asador en ataque, pero finalmente, cuando el partido ya moría, Emaná transformaba un penalti de Roberto en el minuto 88.

 


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